Jair Bolsonaro contra el Papa Francisco por el Sínodo de la Amazonia

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Una historia que incluye conspiraciones, sicarios, asesinatos y operaciones de inteligencia de los servicios brasileños sobre los hombres de la Iglesia. El papel del obispo Claudio Hummes, elegido por el Papa como relator del Sínodo.

Atrincherado contra el papa Francisco y los ejércitos conjeturales. Jair Bolsonaro clasificó al Sínodo de la Amazonia, iniciado este domingo en el Vaticano, como un problema de seguridad nacional cuyos responsables fueron espiados por la Agencia Brasileña de Inteligencia. Clasificó a la cita vaticana dentro de los asuntos que amenazan la soberanía, preocupación que días más tarde mencionó al hablar ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

Desde su óptica, catequistas , indígenas, ONGs y campesinos sin tierra serían parte de una conspiración pergeñada por el papa Francisco.

“Es absurdo decir que el sínodo amenaza la soberanía, eso no está ni en nuestras peores pesadillas”, declaró el obispo emérito de Xingú, estado de Pará, Erwin Klauter, en entrevista publicada este lunes por Folha de San Pablo.

En abril de 2014 Klauter fue convocado por Jorge Mario Bergoglio para conocer de primera mano la realidad en la floresta.

“Este Papa no es de los que miran el reloj mientras habla, con él la conversación fluye, antes (en el Vaticano) te recibían mirando el reloj”, cuenta el religioso nacido en Austria de rostro curtido por el sol y la violencia del Far West amazónico .

Fue titular de la diócesis Xingú desde la década del 80, en uno de los puntos con más activistas y campesinos asesinados a manos de sicarios de acuerdo con datos de la Comisión Pastoral de la Tierra, de la Conferencia de Obispos de Brasil.

Los mismos matadores puede ser contratados para incendiar praderas o talar bosques de maderas preciosas, como ha ocurrido entre enero y agosto últimos ante la complacencia del gobierno.

Diecinueve campesinos sin tierra fueron fusilados el diecisiete de abril de 1996 en Eldorado dos Carajás, estado de Pará, por policías a los que recientemente Bolsonaro prometió indultar.

Nueve años después, el 12 de febrero de 2005, la monja norteamericana Dorothy Stang murió con varios tiros en la cabeza, cuando trabajaba en la diócesis de Xingú, con Erwin Klauter .

Hummes, hombre clave

En la construcción de la idea de este sínodo que es amazónico, pero tiene un acento indiscutiblemente brasileño, tuvo un papel de peso el cardenal Claudio Hummes.

Hummes hizo el puente entre Bergoglio y Klauter.

Posiblemente Hummes, considerado uno de los cardenales de confianza de Francisco, haya estado entre los hombres seguidos con atención por los servicios de inteligencia en los últimos meses.

Hace cuatro décadas este perseverante religioso de la orden de los franciscanos acogió en la Iglesia matriz de San Bernardo do Campo al entonces líder sindical Luiz Inácio Lula da Silva cuando era perseguido por la dictadura de Joao Baptista Figueiredo.

En 2013 Hummes fue quien a poco de finalizado el cónclave que eligió a Bergoglio, le sugirió al cardenal porteño que adopte el nombre de Francisco.

Durante los últimos dos años Hummes dirigió la Red Eclesiástica Pan Amazónica a cargo de la cual estuvieron los debates en los nueve países de la floresta tropical más extensa del mundo.

Después de movilizar a decenas de miles de fieles en aldeas remotas, a las que muchas veces solo se llega por via fluvial por tala de caminos y aeropuertos, el Papa lo designó como relator del sínodo que se prolongará hasta el 27 de octubre.

Lo que ocurre en la Amazonia es una “crisis grave, muy grave” con consecuencias sobre los pueblos indígenas afectados por los incendios que están en “aumento”, dijo Hummes en Brasil horas antes de embarcar hacia Roma.

Palabras similares a las expresadas este domingo por Francisco en la misa inicial del sínodo, las que antagonizan bis a bis con el discurso de Bolsonaro en Naciones Unidas el 24 de setiembre.

Bolsonaro y Bannon

Trascendió que las extravagancias dichas por el presidente ante representantes de más de ciento noventa países fueron supervisadas por el publicista católico de ultraderecha Steve Bannon, ex asesor de la campaña de Donald Trump, que se define como “enemigo” de Bergoglio y afecto a Benedicto XVI.

En ese mismo viaje a Bolsonaro envió a su hijo, el diputado Eduardo, a una reunión reservada con Bannon, quien diez días antes cenó con el canciller Ernesto Araújo en la embajada de Washington. Allí también se habría conversado acerca de la pieza leida por el presidente resumible en unas pocas ideas fuerza: la Amazonia no es patrimonio de la humanidad, los incendios son invento de la prensa y los indígenas, especialmente el cacique Raoni Matuukire, del Alto Xingú, son masa de maniobra de ONGs y gobiernos europeos.

Paréntesis: luego de ser denostado el cacique Raoni fue lanzado como candidato al Premio Nobel de la Paz.

Bolsonaro tal vez no imaginó que su discurso pronunciado “urbi et orbi” tres semanas antes del sínodo despertaría una repulsa poco menos que unánime en la colectividad internacional: el espanto fue del movimiento ambientalista anticapitalista a gobiernos moderados o de derecha.

A su regreso a Brasil alardeó ante sus seguidores reunidos en los portones del Palacio de Alvorado diciéndoles que había librado una “batalla” ante fuerzas “colonialistas” nacidas en su imaginación.

Ante el riesgo, aún más alocado, de una invasión de decenas de miles de chinos radicados en Suriname, los militares conducidos por el capitán presidente comenzaron a trabajar en un plan de resistencia al que se denominó Rio Branco. Paralelamente propuso militarizar los “garimpos”, donde los trabajadores extraen oro a mano, repitiendo la política aplicada durante la época del dictador Figueiredo (1979-1985).

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