Esther Díaz: “¿Cuál es el riesgo de decir la verdad?”

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Feria del Libro.
Esther Díaz: “¿Cuál es el riesgo de decir la verdad?”

La pensadora publica su libro “Filósofa Punk”. En diálogo con Héctor Pavón, editor de la revista Ñ, reflexionó sobre los dolores de su vida, el renacer de la sexualidad a los 50 años y los deseos que siguen vivos en la vejez.

 

Esther Díaz. Una autora frontal / 

 

Esther Díaz es una mujer singular: filósofa punk, filósofa plebeya. Madre de dos, mujer golpeada, divorciada, nómada. Denostada y respetada al mismo tiempo. Inclasificable, escurridiza, sufriente. EnFilósofa Punk (Planeta), que presentó en la noche del martes en el stand de revista Ñ en diálogo con el periodista Héctor Pavón -Editor de la sección Ideas-, repasa en primera persona sus casi ochenta años de vida y reflexiona sobre el costo de decir la verdad sin medir las consecuencias.

El libro no sigue una estructura cronológica, sino una organizada a partir de los traumas que le tocó atravesar, de las huellas que fue dejando en su cuerpo la violencia: por ser mujer, por ser una ‘mala madre’, ‘mala esposa’, por desear (y seducir) a hombres más jóvenes. En una palabra, por no conformarse nunca con los mandatos de su época y hacer su propio recorrido, vital e intelectual.

En un diálogo que presenció el público del stand, y al que fueron sumándose quienes transitaban por el hall central del predio de La Rural, Díaz volvió al repaso -sin tapujos, fiel a su estilo- de algunos de los momentos muy duros de su vida, como la muerte de su hija y la violencia que sufrió, primero por parte de sus propios padres y después de un marido golpeador-, el revivir de la sexualidad a los 50 años y los deseos que siguen vivos en la vejez.

En el marco de la entrevista afirmó :”¿Cuál es el riesgo de de decir la verdad sin medir las consecuencias? Yo noto que, así como me valoran también produzco rechazo. Exponerse lleva un riesgo. Pero si pongo en la balanza, las buenas ondas y las malas ondas, las buenas ganan por lejos.”

Motivada por las preguntas de Pavón, la autora rescató recuerdos de una infancia que sellaron a fuego su deseo de hacer un camino personal, por fuera de las exigencias y ataduras impuestas por sus padres. “‘Vas a ser una puta por el tipo de preguntas que hacés’, me decía mi madre desde chica, condenando mi curiosidad -relató en el marco de la presentación-. La novela familiar de la familia -nací en un contexto muy humilde, éramos tres mujeres y en mi casa el mayor valor era la virginidad- también incluyó un episodio en que mi papá le tiró un cuchillo a mi hermana y me acusaron a mí. Mi hermana, de 85 años, todavía tiene las marcas. Después me casé con un hombre alcohólico y golpeador, y sufrí culpa por eso: mi madre me había inculcado la idea de que esas cosas me pasaban porque me las buscaba. Y cuando me separé mi familia dejó de saludarme. Esa violencia me costó superarla”, admitió.

Juventud. "Cuando me separé mi familia dejó de saludarme. Esa violencia me costó superarla", relató ayer en el stand de Ñ.

Juventud. “Cuando me separé mi familia dejó de saludarme. Esa violencia me costó superarla”, relató en el stand de Ñ.

También contó: “Mi papá era el único que en un momento se dio cuenta de que el estudio era la única salida al estado de pobreza en el que vivíamos. Quería me casara con un doctoricito. y yo pensaba: ‘yo voy a hacer la doctorcita’, no algún hombre que pueda cruzarme por la vida”. Hasta que a los 16 años, trabajando como peluquera, se decidió a hacer y terminar el secundario. Ese fue el comienzo de una liberación que llegaría a través de los libros.

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¿Cómo influyeron esas marcas en su trabajo filosófico? -quiso saber el periodista. “Mucho -respondió Díaz-. Porque justamente mi estudio de Foucault, por ejemplo, tuvo que ver con eso. El me enseñó que la historia y la cultura discrimina, que discrimina sobre todo a las mujeres, a los que no tenemos el poder. Sentí que me estaba hablando a mí. Si embargo les debo a esos dolores la química que siento por los alumnos, los lectores, y por ciertos temas: sigo siendo una piba de barrio, una piba golpeada, que dedicó la vida al estudio. Y también a la docencia, para transmitir todo eso que he leído y pensado. Desde muy chica quise ser profesora, y siempre me preocupó que los chicos no vinieran a mis clases por obligación. A mis alumnos no se les tomaba lista, y tengo el orgullo de que venían a verme, después de bailar en Cemento, muchos de ellos, por interés, no porque nadie los forzara. En esa época surge en alguna medida mi apodo de ‘la filósofa punk’.”

En el plano de las conquistas y libertades que se permitió y permite, habló también sobre sexo. Y afirmó, además, que no hay edad para el deseo sexual: “El feto en la panza se masturba y en los geriátricos las personas siguen hablando de sexo: mientras hay vida hay deseo -señaló-. Yo renací a una sexualidad diferente a los 50, a esa edad fui multiorgásmica, que es cuando se supone que para las mujeres se cerró el negocio. Pero a las mujeres grandes nos pautan, a los hombres no, un ejemplo es el del presidente de Francia y su mujer, pero nadie señala la diferencia de edad entre Donald Trump y la suya”.

 

Esta entrevista fue publicada 01/05/2019 – 

  • Clarín.com

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