Juan Ferreira.

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Si se metieran todas las cualidades de ambos en una especie de licuadora, el resultado de la mezcla seguramente sería maravilloso y tal vez saldría el enganche ideal para Marcelo Gallardo. Pero, claro, es imposible unificar a Juan Fernando Quintero y el pibe Cristian Ferreira. No queda otra que aprovecharlos por separado o juntarlos de la forma más productiva, algo que hasta el momento el Muñeco ni siquiera puso en práctica por un lapso prudente como para hacer un análisis. Aunque suena como una alternativa tentadora e inminente, sobre todo por el bajón que atraviesa el colombiano y por el gran presente del juvenil. Así, podría decirse que hoy el enlace de River es Juan Ferreira…

Tienen más similitudes que diferencias porque los dos nacieron con condiciones técnicas ideales para vestir la banda roja y coinciden en que cuentan con una excelente pegada como principal virtud. También se parecen físicamente, ya que ambos son retacones, y por razones naturales ocupan la misma posición en el equipo. Sin embargo, hay ciertas características que marcan claramente que no son tan iguales: uno tiene 26 años, es un futbolista consagrado, de primer nivel mundial (ya jugó y se destacó en una Copa del Mundo, Rusia 2018), zurdo y con un talento extraordinario; el otro apenas suma 19 abriles, es diestro, recién está dando sus primeros pasos en la Primera de River y su calidad no deslumbra: su juego aparenta ser más eficiente que vistoso.

Juanfer tocó el pico máximo de su nivel en River en la final de la Libertadores contra Boca en el Bernabéu y sostuvo ese rendimiento superlativo en el inicio del año, con cinco goles en los primeros siete partidos que jugó, de los cuales dos (ante Racing y Central) fueron espectaculares. De repente, justo después de firmar una mejora sustancial en el contrato y de elevar su cláusula de rescisión a 30 millones de dólares, el Nalgón sufrió el fuerte golpe emocional de la pérdida de su abuelo paterno (Javier Paniagua) y nunca recuperó la mejor versión en los 146 minutos que disputó tras la despedida de su familiar: jugó 60’ ante Alianza Lima y 63 contra Palestino (ambos por Copa), e ingresó 23’ en Tucumán (Superliga).

El caso de Ferreira es proporcionalmente inverso. Y fue como si Juanfer le hubiese traspasado tu talento con una varita mágica, ya que el enganche cordobés de la cantera explotó en el equipo de Gallardo con un golazo made in Quintero (metió el tercero del 4-2 frente a Newell’s con un tiro libre al primer palo desde un ángulo incómodo) y enseguida repitió en el debut en la Libertadores con un remate de pelota quieta aún mejor, y sobre la hora.

Desde que se produjo esta notoria merma de nivel en Quintero y el paralelo ascenso de Ferreira, los enganches sólo compartieron cinco minutos en cancha, en Tucumán. Es lógico, porque naturalmente cumplen un rol parecido. De todos modos, pueden ser compatibles: Juanfer es más estático y organizador de juego mientras que el pibe cuenta con mayor dinámica, es más vertical y gambetador.

Será cuestión de que Napoleón encuentre el punto exacto para complementarlos, ya sea desde el arranque o en determinadas instancias. Y si bien la premisa del entrenador es no apresurar el crecimiento de los chicos del club, lo que termina impulsando sus decisiones siempre es el rendimiento. Además, Juan Ferreira no existe, lamentablemente para el Muñeco.-

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