El piloto que escapó de la muerte: “Si puedo vencer los miedos, estaré de nuevo arriba de un avión”.

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“Me desperté tres meses después del accidente. Y me pareció que me había acostado la noche anterior. Pero recuerdo todo lo que pasó. Me tocó nacer de nuevo y creo que fue por mis ganas de vivir. Siempre me aferré a la vida. Lo que me pasó fue horrible. Una cosa es vivirlo y otra contarlo. Pero yo la puedo contar”.

Lenard Ibáñez disfruta de su familia en una casa de Trelew. Por esas cosas del destino la casa de sus abuelos está ubicada en la calle Pablo Neruda. Fue el poeta chileno el que alguna vez escribió: “Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida”. Tal vez sin conocer esa creación del Nobel de Literatura, Lenard comento que: “fue el amor y la fe lo que me sacaron adelante. Sin ellos y sin las ganas de seguir estando acá en este mundo es imposible salir de la situación que viví”.

Ibañez piloteaba un avión Pipper PA-28 Warrior matrícula LV-FKO el domingo 22 de abril del año pasado en el que viajaban además otras tres personas: Ricardo Ramón Artiles, Mónica Gabriela López y Silvia Edith Acosta. Los tres fallecieron. Las dos mujeres en el acto producto del incendio de la nave. Artiles, compañero de trabajo de Ibáñez en la sucursal Trelew del Correo Argentino, algunos días después: tenía quemaduras en el 70 por ciento de su cuerpo. Falleció poco antes que pueda ser trasladado a Buenos Aires. La aeronave realizó un aterrizaje de emergencia en la estancia La Adela, ubicada en el Área Natural Protegida Península Valdés, en Chubut. Y se incendió. Lenard, único sobreviviente del accidente, prefiere no contar detalles de la tragedia porque no le hace nada bien y además por consejo de los profesionales que lo atienden.

“Me acuerdo todo lo que pasó. Cuando salí del avión me decidí a ir a pedir ayuda. No me quedaba otra. Mi compañero no pudo seguirme. No se cuanto caminé pero fue bastante. Algunos dicen 7 kilómetros. No sé, tal vez tres. Encontré a unas personas que estaban tomando mate y enseguida me ayudaron. Me trasladaron al hospital de Pirámides que era el más cercano. Hasta ahí estuve consciente. Después no se más nada hasta que desperté tres meses después”.

Después del accidente Lenard empezó todo de nuevo. “Sin duda fue un volver a vivir, de manera literal”, contó Estela, su mamá. Es que el piloto debió aprender de nuevo a beber líquido, a ingerir alimentos, mover sus piernas, reconocer su cuerpo. Y debió recuperar el habla del todo. Habla muy bajito porque sus cuerdas vocales fueron afectadas seriamente.

Lenard llegó a Chubut ayer lunes. Estuvo en Rawson donde vive su madre. Viajó por tierra, sin apuro. Después en la vivienda del Barrio Covitre celebraron la primera noche en casa con toda la familia y amigos. El martes quiso ir a la casa de sus abuelos para compartir con amigos estos momentos de felicidad. El muchacho de 25 años toca en un grupo de rock llamado Tracktor. “Soy el guitarrista del grupo y está en mis planes volver a tocar. Tengo que recuperarme sobre todo de la mano derecha que es la más complicada”, dijo. Antes del accidente vivía solo en un departamento de Trelew.

También contó que durante muchos meses, el quirófano del Hospital Británico era como su casa. “Ya medio que me gustaba”, dijo con una sonrisa. Entraba para las intervenciones lunes, miércoles y viernes. En total fueron alrededor de 150 operaciones. Sobre todo por las quemaduras en la piel. Durante su estadía en el hospital sufrió una cardiopatía. Por lo tanto ahora tendrá que viajar una vez por mes a Buenos Aires. Para tratarse del tema de la piel (en Chubut no hay un lugar especializado) y del problema en el corazón.

“Estando como estuve, uno aprende a valorar más la vida. Y pensás que a veces te hacés problemas por algunas estupideces. Yo le di un abrazo a la muerte pero me soltó. Y entonces me abracé a la vida. Y aquí estoy para contarla. Feliz. Me siento entero y con ganas de seguir peleando aunque es cierto que lo peor ya pasó. Aunque uno nunca sabe”.

Rodeado de sus afectos puede moverse por sus propios medios aunque con precaución. Y como siente pasión por volar, a las pocas horas de llegar visitó el Aeroclub de Trelew, uno de los últimos lugares donde estuvo antes del accidente. Alli había dejado su auto para abordar el Pipper junto con su compañero de trabajo. Cargó combustible en el Aeropuerto Almirante Zar y de allí partió hacia el Aeroclub de Madryn donde levantó a sus pasajeras.

Lenard no pierde la esperanza de volver a volar. “Es mi pasión y pienso que si puedo vencer los miedos lógicos después de semejante accidente, estaré de nuevo piloteando algún avión. Las ganas no me faltan. Y si no puedo, seguro que haré algo vinculado a la actividad. Pero mi pasión está intacta. Y asi como salí de esto que me tenía preparado el destino, estoy seguro que lo voy a lograr. Voy a volver a volar”. Eso le confesó a su gran amigo Nacho. Y le pidió algo: “Quiero que sea con vos”.-

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