Denuncia por abuso: el senador de La Cámpora acusado no renunció ni pidió licencia

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Ninguna nota en mesa de entrada, la Secretaría Legislativa desprovista de tramitación y ni siquiera pedido de disculpa personal. A dos semanas de conocida la acusación en su contra por acoso sexual, el senador provincial Jorge “Loco” Romero no presentó la renuncia a su banca.

Ese alejamiento fue sólo una presunción de incautos. El legislador de La Cámpora había adelantado que renunciaba a “las responsabilidades políticas” en la agrupación que conduce Máximo Kirchner. El gambito sirvió para los titulares, un campeo de temporal, y después la nada.

 

Romero, efectivamente, era (¿es?) el responsable en la Provincia de la organización. Aquella dimisión informal lo quita de la superficie. Pero, a nivel parlamentario, su situación no varía. Sigue como uno de los ocho integrantes camporistas del Senado con voz y voto. Ahora en receso.

“El loco” ni siquiera tomó licencia. ¿Debería hacerlo?. Si el formato de actuación es el Senado nacional no estaría obligado a ninguno de esos caminos. Todavía no tiene procesamiento ordenado por la Justicia.

Pero habría otra razón consistente para no abandonar su poltrona en la Legislatura. En caso de renunciar, lo sucedería en el cargo la ex vicegobernadora y ex directora General de Escuelas, Graciela Giannettasio. Ambos se conocen. Son de Florencio Varela, en el sur del Conurbano. Tan vecinos como distantes en las preferencias partidarias. La ex funcionaria está más cerca del espacio de los intendentes, que tienen a Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) como referencia. Esa disparidad de alineamientos determinaría la búsqueda de Giannettasio de un bloque propio, independiente de La Cámpora o directamente incrementaría la bancada de los jefes comunales a cinco escaños.

Stephanie Calo denunció complicidad dentro de La Cámpora.

En el umbral del año electoral, donde se decide la eventualidad de la candidatura presidencial de Cristina Kirchner o la continuidad de Mauricio Macri, entre otras opciones, La Cámpora no prescindiría de ninguno de sus guardianes.

Ni con el peso de la denuncia gravosa de la ex militante de la agrupación, Stephanie Calo. Según la joven, Romero intentó obligarla a que le practicara sexo oral a él y a otras tres personas. Prevenido del efecto, en aquel momento, el senador publicó una carta aceptando sus comportamientos de base “patriarcal”, por una deformación cultural, según su alegato. Fue entonces cuando anunció la renuncia a “las responsabilidades políticas”, que muchos confundieron con la emigración parlamentaria.

El caso de “El loco” resultó un disparador para otras denuncias dentro de la agrupación kirchnerista. En menos de una semana, a mediados de diciembre, La Cámpora tuvo que emitir su tercer comunicado vinculado a las denuncias por casos de abuso sexual y violencia de género radicadas por actuales y ex militantes. Hasta el propio Máximo reconoció estas situaciones y confirmó la separación de sus funciones a los acusados. También culpó a los medios de comunicación de generar un “aprovechamiento político” del tema.

La exposición de este tipo de presuntos delitos había surgido de otro ambiente. El espectáculo. Con la denuncia contra el actor Juan Darthés.

Luego, las aparentes ignominias se desparramaron a la política. Nicolás Roó, quien militaba en La Cámpora La Pampa fue expulsado de la organización y se demandó la renuncia al cargo de director de la Casa de la Juventud. Gustavo Matías, ex responsable del distrito de Vicente López, denunciado por varias mujeres que militaron en su momento en la organización, corrió igual suerte. “Ya había sido separado de la estructura política, por diversas causas hace años, y estamos comprometidos a acompañar a todas las mujeres que sufrieron violencia por su parte o dentro del esquema que él conducía”, explicarían a resguardo desde la conducción camporista. Matías consideró que “los cobardes de escritorio” de la organización (citó a Máximo) se habían cobrado antiguas cuentas con las denuncias que lo involucran en casos de abusos.

En este guiso agraviante de moral hay de todo. Casi en simultáneo, el senador radical Juan Carlos Marino (La Pampa) fue denunciado por una empleada de la Cámara. La investigación está en curso.

Mucho más dramático fue el final de una saga en San Pedro, donde un funcionario de tercera línea (Cambiemos) se suicidó después de un escrache, vía Facebook, de una ex alumna que le atribuía haberla violado a los 13 años. Están determinando cuál de los dos fue víctima del otro.

En el caso del “Loco” Romero, por ahora la Cámara de Senadores no tiene previsto volver en extraordinarias, antes de la inauguración del período 2019 en marzo. Lo haría sólo en caso de necesidad extrema por la eventualidad del desdoblamiento de las elecciones. Las especulaciones están al día. La renuncia del legislador, por ahora, no está entre ellas.

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