La pesadilla de Boca tiene nombre y apellido.

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El Pity Martirio.

Tal vez sea locura. O inconsciencia. O espíritu ganador. Gonzalo Martínez salió el domingo pasado a la Bombonera a jugar la ida de la final más difícil de la historia, solo con diez compañeros contra decenas de miles. Ante un público hostil. En un estadio siempre difícil. Y el tipo relojeaba el contexto con una leve sonrisa. Una sonrisa que a esta altura ya podría generar pavor en la contra, como las sonrisas de Chucky o del payaso It en el cine de terror. Es que el Pity ya es poco menos que una pesadilla para Boca: el zurdo es sin dudas el jugador que más preocupa en el equipo de los Mellizos. Por sus condiciones, por su momento de Selección, pero sobre todo por sus antecedentes en los clásicos que terminaron por generar hace un par de meses un hit de la hinchada de River.

Martínez fue el que generó el penal de Marín que luego pateó Sánchez para el gol con el que River le ganó 1-0 a Boca en la ida de los octavos de la Libertadores que terminaron en el gas pimienta. El Pity volvió loco a Peruzzi en un inolvidable clásico en la Bombonera en el que clavó un golazo de volea para abrir lo que terminó en 3-1 a domicilio. El Pity agarró uno de los penales más pesados de su carrera y lo metió este mismo año, en la final de la Supercopa contra Boca, que luego cerró con una asistencia a Scocco para el 2-0. Ese día enloqueció a Barrios. El Pity volvió a hacer el mismo gol de volea que en 2017 este mismo año, en la misma cancha, para otro triunfazo en rodeo ajeno en el que sacó a pasear a Jara. El Pity asistió a Pratto y tiró el centro que provocó el gol en contra de Izquierdoz hace ocho días en el 2-2 de la final de ida de la Libertadores. Parece más que suficiente su currículum en clásicos como para justificar que hoy sea el jugador que más atención demanda en el rival de toda la vida.

Hoy el pibe que llegaba de Huracán y se ponía la 10 de Alonso, Ortega, Gallardo, D’Alessandro y compañía (¡había que estar loco en serio!) está a punto de jugar el partido más importante en sus 25 años de vida. Un partido en el que puede terminar de convertirse en ídolo. En el que tendrá la chance de pasar a sentarse en la misma mesa de los grandes que usaron su dorsal. En el que podría despedirse habiendo cumplido su sueño. Y es que al mendocino se le van agotando las locuras con la Banda: es un hecho que a fin de año se irá al Atlanta United (sin Martino, ¿será dirigido por el técnico que hoy más lo sufre?) a cambio de 15 millones de euros, una cifra que llevada a pesos con el cambio actual transforma a la inversión inicial del club ($40.000.000 para comprárselo a Huracán) en apenas un vuelto.

Martínez está a un partido de conseguir el gran objetivo de su vida. El objetivo para el que se quedó en el club: ganar la Libertadores. Ya la había ganado en 2015, sí, pero para él la felicidad no había sido completa aquella vez. Siempre dijo el zurdo que le había quedado la espina de no haber sido tan protagonista como a él le hubiera gustado en esa Copa. Por caso, en la final contra Tigres no ingresó ni un minuto. Lo que quiere el Pity es ganar la Copa siendo titular y siendo importante. Ahora sin dudas lo es. Tanto que el técnico de Boca se rompe la cabeza para intentar neutralizarlo partido a partido, y casi siempre sin éxito. Para ellos ya es algo así como el Pity Martirio…

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