Crítica de “Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald”: Menos animales, mucha fantasía

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Mucho más bella y atractiva en lo visual que su predecesora, esta segunda de las cinco películas que tendrá Animales fantásticos, el spin-off de la saga de Harry Potter, tiene elementos que en la primera no estaban tan aceitados y que harán disfrutar a los fans del mago.

Y ni que hablar de la revelación en el final de la película…

Una película que empieza bien, pero bien arriba, con Grindelwald (un Johnny Depp no tan arriba: está varios decibeles por debajo de lo que suele, no sólo ha cambiado su aspecto físico para el filme, sino que está medido en su actuación) escapando de la prisión, donde está como un Hannibal Lecter, con un objetivo: encontrar a cierto joven, en París. Sería clave en el destino de muchos personajes.

En este filme hay muchos menos animales, pero mucha fantasía. Y crímenes.

El magi-zoologista Newt Scamander (Eddie Redmayne) sigue siendo el protagonista, pero ha cedido un poco de espacio. Igual, quienes no hayan visto ninguna de las películas de Potter se perderán muchos guiños, y por ende la gozarán menos. Y quienes no vieron la primera Animales fantásticos y dónde encontrarlos, tal vez se sientan un tanto perdidos con la irrupción de personajes, porque aquí no se explica nada. Es como si se viera una serie por streaming y se la engancha en el capítulo segundo.

Gellert Grindelwald es un mago oscuro, con una sola lente de contacto extraña y un Depp teñido de rubio. Rechaza absolutamente la posibilidad de la coexistencia pacífica con los muggles, los seres humanos sin magia, por lo que cree en la tiranía. Para prosperar, hay que acabar con ellos. ¿Les suena? Es Europa, a fines de la década de 1920.

A quien quiere buscar es a Credence (Ezra Miller). Está, decíamos, en París, justo ¿eh?, donde también está Tina (Katherine Waterston), de quien Newt está enamorado. Hubo un malentendido, porque ella creyó que Leta Lestrange (Zoë Kravitz), la novia de Theseus, el hermano de Newt (Callum Turner) tiene una relación con él. Y también está Jacob, el amigo de Newt, que no es mago ni nada de ello, enamorado de la hermana de Tina, Queenie (Alison Sudol).

Escrita por J. K. Rowling, la autora de la saga de Potter, su universo mágico incluye referencias específicas al mundo de Hogwarts, como versiones más jóvenes de los personajes conocidos. Como un joven Albus Dumbledore (Jude Law), que fuera maestro en Hogwarts de Newt, lo convence de que vaya a París a hallar a Credence. Debe en cierta manera, enfrentar su destino, o su boggart, la forma de su peor miedo. Sabemos que Albus es gay, y se habla de una “relación intensa” con otro joven, con el que hubo un pacto de sangre. Pero Albus podría ser gay o hincha de Chacarita, y nada interfiere en la trama. Por ahora.

Un asunto a resolver, quizá, sea el carácter de Newt, que no cambia ni ante la circunstancia más imprevista. No es que sea aniñado, o hasta seguro de sí mismo. Lo que ocurre hasta ahora es que el personaje no crece. No cambia. No emerge. No es para preocuparse, pero deberemos sentir que corre sangre por sus venas.

“Animales fantásticos:  Los crímenes de Grindelwald”

Buena

Aventuras. EE.UU., Reino Unido, 2018. 134’, SAM 13. De: David Yates. Con: Eddie Redmayne, Johnny Depp. Salas: Hoyts Abasto, Cinemark Palermo, Showcase Belgrano.

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