San Martín de Tucumán se llevó un heroico empate de Paraná

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Final. De esas con calculadoras en mano. La victoria de uno los dejaba fuera de la zona de descenso. Y un condimento extra: la lluvia caída durante toda la jornada y, en consecuencia, la cancha rápida. En la cancha otra lluvia. De goles y errores. Un partidazo. Goles de Patronato, errores de Fabricio Llobet, el árbitro. Goles de San Martín para después de un 0-3 igualar este vibrante encuentro, que dejó muy malherido al local.

La iniciativa de ambos daba cuenta, desde el comienzo, que el partido tenía muchas emociones para dar. Ida y vuelta, sin tanta tenencia, se salteaban la línea del mediocampo para atacar y así mantuvieron la atención constante de los arqueros. Pero a los 20, Barceló, de cabeza, abrió el marcador dando cierta justicia al trámite del partido. Pero desde allí surgió un protagonista inesperado. El árbitro Llobet. Cobró dos penales. A los 24 y a los 32. En el primero se dejó engañar por una caída de Renzo Vera en el área y en el segundo Acevedo, intentando rechazar, se resbaló y cayó sobre la pelota. Llobet vio penal. Sperdutti y Barceló, respectivamente, facturaron en la red.

Cuando la bronca de los tucumanos contra el juez quedó un poco atrás, supo empujarlo contra el arco de Bértoli sin éxito pero con peligro.

Para el complemento, San Martín quedó expuesto por la búsqueda del descuento que le de esperanzas. Y Llobet también quedó al descubierto pues pareció compensar en muchas decisiones tras sus errores clave del PT. A los 15 cobró una mano de Bravo en el área que no existió y Claudio Bieler cambió por gol.

Y ahí se hizo un partido de pura emoción no apto para cardíacos. Más aún tras el segundo gol de San Martín, un bombazo de Tino Costa. Lo que era un sueño se iba transformado en realidad y Luciano Pons puso el 3 a 3 para locura de Walter Coyote y desilusión total de Mario Sciacqua.

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