Cómo son las “grabaciones encontradas” del Álbum Blanco de The Beatles

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A casi 50 años del lanzamiento del Álbum Blanco de The Beatles, el doble que marcó el comienzo del final de la fantástica historia de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr, verá la luz una edición aniversario que tendrá su formato de caja de super lujo, con siete CDs; de lujo, con tres CDs y cuatro vinilos;una standard, de dos vinilos;y la que saldrá editada en la Argentina, con tres CDs.

En ese formato, que incluye la versión original del álbum, la novedad está en el tercer compacto, que incluye 27 tracks registrados en la casa de George Harrison, en formato acústico y en una atmósfera de entrecasa. “The Beatles se juntaron en la casa de George, Kinfauns, con una cantidad inusualmente grande de canciones para trabajar”, escribe el periodista y escritor Kevin Howlett en el libro interno de la flamante edición, que estará disponible desde el 9 de noviembre.

Howlett cuenta, además, que la juntada fue al regreso del grupo de su paso por Rishikesh, en la India, donde habían compartido, junto con colegas como Donovan y Mike Love, de The Beach Boys, un tiempo con Maharishi, y donde habían escrito la mayoría de las nuevas canciones.

Entonces, la cuestión principal radica en descubrir cómo suenan hoy aquellas grabaciones, las famosas Esher Sessions, hasta ahora conocidas a través de algunas ediciones piratas, después de haber pasado por las manos de Giles Martin y Sam Okell.

Y lo cierto es que suenan bárbaro. Es verdad que Howlett avisa que la cosa en lo de Harrison no era tan amateur, y que su grabadora de cuatro canales se parecía bastante a la que el cuarteto usaba en Abbey Road. Sin embargo, lo que suena de fondo en Sexy Sadie bien puede ser una mesa golpeada con un cucharón, y el clap de manos que marca el paso de Revolution denuncia la falta de una batería a mano.

Entre lo más atractivo de las versiones despojadas del ahora tercer disco del White Album, hace punta la posibilidad que ofrece de rellenar los espacios vacíos con vestidos instrumentales imaginarios, y compararlos luego con lo que finalmente resultó. O, también, la de pensar por un instante cómo habrían sonado temas como Dear Prudence, I’m So Tired o Rocky Raccoon si hubieran sido concebidas en la etapa Sgt. Pepper’s, con cuyo concepto sonoro las nuevas canciones contrastaban de modo notable. 

Casi una provocación. La tapa del llamado "Álbum Blanco" contrastaba por su carácter despojado con la superpoblada presentación de su antecesor, "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band", editado apenas un año antes.

Casi una provocación. La tapa del llamado “Álbum Blanco” contrastaba por su carácter despojado con la superpoblada presentación de su antecesor, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, editado apenas un año antes.

Paralelamente, escuchar con su letra original la Child of Nature que años más tarde se convertiría en la Jealous Guy del Imagine de John; testear la cadencia de Junk, que terminaría en el primer solista de Paul; o la densidad de Circles, tema que no habría desentonado en el Surf’s Up de The Beach Boys, pero que George Harrison recién recuperaría en su Gone Troppo de 1982, permite detectar desde las ideas que cada uno aportaba, el futuro de caminos separados que se venía.

De cara al futuro que se acercaba, también se destacan Mean Mr. Mustard y Polytene Pam, ambas en estado de gestación, que deberían esperar los días de Abbey Road para encontrar un lugar en la discografía beatle. En tanto, en el camino que va de aquellas ediciones piratas a ésta, parecen haber quedado en el camino piezas como A Case of Blues, Happy Rishikesh Song, ambas de Lennon.

Y aunque no es nuevo esto de acceder a la “intimidad” creativa de John, Paul, George y Ringo -los Anthology blanquearon de mucho material embrionario del cuarteto, inclusive algunos temas de esta “novedad”-, una vez más, la posibilidad de acceder al work in progress de temas como Happiness is a Warm Gun, Honey Pie o Glass Onion, o de explorar la maqueta de While My Guitar Gently Weeps o Everybody’s Got Something to Hide Except Me and My Monkey, en incluso la de Ob-La-Di, Ob-La-Da, ratifica que, aún estando fuera de sintonía entre ellos, lo que hicieran juntos difícilmente pudiera no tener destino de grandeza.

Las manos mágicas. Giles Martin, hijo del quinto Beatles, George, estuvo al frente de la reedición de "The White Album" por su 50 aniversario. (EFE/Alex Lake/Universal Music)

Las manos mágicas. Giles Martin, hijo del quinto Beatles, George, estuvo al frente de la reedición de “The White Album” por su 50 aniversario. (EFE/Alex Lake/Universal Music)

Es que estas grabaciones encontradas de The Beatles también ayudan a entender que, a pesar del viaje personal de cada uno de ellos, la Revolution y el Yer Blues de John, los Piggies de George y el Blackbird libertario de Paul no hablan de cosas tan distintas, y dicen casi lo mismo. Habrá que pensar que, como nuestros Almendra, los Beatles tampoco se separaron, sino que se multiplicaron.

Sea como sea, lo esencial sigue siendo el clima casero que se desprende del disco. Algún músico me dijo una vez que de chico él imaginaba que los Beatles vivían en la misma casa, como lo había visto en alguna de sus películas. Y a pesar de que ya nos contaron de sobra cómo fueron las cosas, la idea de los cuatro compartiendo música en un cuarto, sin celos, discusiones ni desplantes siempre suele estar por ahí, sobrevolando el imaginario beatlemaníaco que supimos construir. Y está bien.

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