El beach handball combina show y deporte y muchos pretenden su gran salto

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Hay una locutora que grita en inglés y en español, que identifica a los jugadores por su número y por su nombre pero que también explica cuándo los goles valen doble y cuándo valen sólo uno. Hay un par de árbitros que revolean ampulosamente sus brazos cuando tienen que convalidar un tanto. Hay show, mucho show, y música pegadiza que invita a bailar hasta a los propios protagonistas. Hay una pelota de goma, que es más blanda que la habitual. Hay ocho jugadores que se mueven con dificultad por la arena en una cancha de 27 metros de largo por 12 de ancho pero que cuando quedan de cara al arco hacen giros de 360 grados, ejecutan flys (la pelota les llega colgada para que definan desde el aire), festejan cada gol como si fuera el de la final del mundo y celebran a viva voz cuando impiden que el adversario les convierta. Hay dos tiempos que se llaman sets de 10 minutos cada uno y que si se gana uno por lado existe una definición por shoot outs que no son otra cosa que penales en movimiento. Hay cientos de pibes de escuelas que copan las tribunas tubulares dispuestas en el Parque Sarmiento en un día a puro sol y que alientan sin parar. Ellos sienten el espíritu olímpico y lo manifiestan a su manera mientras en el rectángulo el beach handball se presenta en los Juegos para convertirse en uno de los deportes revelación del programa de Buenos Aires 2018.

El Comité Olímpico Internacional tiene claro que debe buscar nuevas variantes para seducir a las nuevas audiencias. Y esas nuevas audiencias son los jóvenes. Para sus miembros ya no van los deportes estáticos y difíciles de entender, los partidos extensos, los atletas que no venden. Lo dijo la pivot argentina Jimena Riadigos, rubia, intensos ojos celestes:“Lo que más me gusta del beach handball es que todo lo hacés con una sonrisa. En el handball indoor no se ve eso”. El problema es que la Federación Internacional de Handball no quiere saber nada con la propuesta concreta del COI: que el beach handball se quede en los Juegos de verano y la versión tradicional pase a los de invierno. Lo que los dirigentes del handball pretenden es que suceda como en el voleibol, en el que se sumó el beach volley sin despreciar a la modalidad histórica. Resultado: ambos conviven sin problemas.

Los dos seleccionados argentinos consiguieron el pase a la segunda ronda tras sus dos victorias de ayer ante Portugal e Islas Mauricio los varones dirigidos por Daniel Zeballos (ex técnico del equipo femenino indoor durante más de diez años) y frente a Venezuela y Hong Kong las mujeres que son entrenadas por Leticia Brunati. Todos coinciden en que en el buen momento de ambos equipos tiene que ver la contratación de Antonio Guerra Peixe. El gurú brasileño del beach handball, quien llevó a su país a dominar este deporte en el mundo, trabajó junto a ambos cuerpos técnicos desde que comenzó la planificación olímpica y los 18 jugadores convocados (nueve varones, en su mayoría del interior, y nueve chicas, entre las que hay dos neuquinas y una marplatense) debieron olvidarse de sus clubes de handball tradicional para entrenarse en la arena en un deporte muy diferente.

“Ojalá que consigamos dos medallas para que el beach handball explote. Necesitamos una Liga nacional, por ejemplo. Me parece que es un deporte con mucho potencial”, dice Zeballos. El COI asegura lo mismo.

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