Boca, River y una invitación a jugar

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Hay un partido más dentro del superpartido. Dos conductores a los que los separa el modo de liderar y los une, paradójicamente, la manera de sentir el fútbol. Guillermo Barros Schelotto y Marcelo Gallardo también jugarán el domingo en La Bombonera. Seis meses atrás, en Menzoza, la final de la Supercopa los encontró en momentos distintos. Pareció aquel compromiso una piedra en el zapato para el Mellizo, que se encaminaba sin contratiempos al bicampeonato local. Y pareció una tabla de salvación para el Muñeco, cuyo equipo venía a los tumbos. Ganó River porque entendió mejor lo que había en juego y disimuló ese fútbol ausente con dientes apretados y coraje. El 2-0 transfirió las dudas de Núñez a la Boca y calmó ciertas quejas algo desmedidas en River.

La situación es diferente hoy. Los dos llegan con la cabeza puesta en la Copa, con lo que el viejo duelo, más que compromiso o chance de despegar, luce como una invitación a jugar. Pareciera que, salvo una goleada estrepitosa, no habrá resultado que distraiga al hincha del sueño intacto de la Libertadores y, más aún, del sueño de dos Superclásicos que la definan.

Es cierto: River llega con más juego -a Gallardo se lo vio distendido el viernes- y Boca, con más incógnitas por algunas lesiones, otras ausencias y desequilibrios varios -se vio un Guillermo algo tenso ese día-. Hubo, además, un River astuto y potente en el primer tiempo de Avellaneda el miércoles, ante Independiente, y otro cansado y apremiado en el segundo. Así como hubo un Boca dominante ese mismo día en casa ante Cruzeiro, insinuando que por fin su DT había encontrado esquema e intérpretes.

Los dos saben que tienen materias pendientes. Ni este Boca ni este River terminan de consolidarse como grandes equipos. Una buena victoria podría aportar a esa causa. Y ayudar, de paso, a despejar algunos nubarrones que habitan sobre ambos bancos.

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