Croacia le ganó a Rusia por penales y llegó a la semi.

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Croacia quiere superar a los famosos de aquel verano del 98.

Jugó mejor que Rusia pero debió pasar en la drámatica definición por penales y ahora va por Inglaterra.

El penal de Iván Rakitic, cruzado, a la derecha, un puñal para el corazón ruso, completó el círculo virtuoso. Croacia está en las semifinales del Mundial dos décadas después de aquella maravillosa selección que sorprendió en Francia ‘98, a sólo 7 años del desmembramiento de Yugoslavia. Davor Suker, goleador de aquella gesta, aplaudía en el palco del estadio Olímpico de Sochi en su carácter de presidente de la federación de fútbol. Reconocía a una generación de futbolistas que busca superar a la suya, la de Boban, Prosinecki y Stanic, entre otras grandes estrellas contemporáneas.

Croacia fue tercero en suelo galo después de vencer a Holanda. Había sorprendido a Alemania en cuartos de final y había caído ante el anfitrión en semis. Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Brasil 2014 lo despidieron en primera ronda. A Sudáfrica ni siquiera se clasificó. Nunca hubo un equipo igual al del verano del ‘98. Hasta este sábado, claro. ¿Y quién puede quitarle el sueño de voltear a Inglaterra?

Hay una reminiscencia entre aquel Mundial francés y esta excursión en Rusia: entonces, también jugó ante Argentina en la fase de grupos. Perdió hace 20 años, con un gol de Mauricio Pineda. Ganó en la actualidad, con una notable actuación colectiva y una goleada (3 a 0) que no admite discusiones. Ese triunfo impulsó a Croacia y empezó a desbaratar las ilusiones de la Selección de nuestro país. Fue un baño de realidad.

No resultó sencillo doblegar a Rusia. Porque, a pesar de las limitaciones, de su menor jerarquía individual, el dueño de casa mostró un gran espíritu colectivo. Con mucho orden, esfuerzo y un gol de pelota parada, una de las vías para la definición muy utilizada en la competencia. El empate de Mario Fernándes, el lateral brasileño que nació en Sao Caetano y optó por nacionalizarse ruso, es una muestra del trabajo de Stanislav Cherchésov. Ese grito postrero, a cinco minutos del final del tiempo suplementario, generó esperanzas en la Plaza Roja, el Kremlin y sus alrededores. Los penales fueron lapidarios.

Croacia fue superior, pero no logró prevalecer en los noventa minutos.

Muy a pesar de la calidad, no apareció en toda su dimensión Luka Modric en el primer tiempo. Y como por adentro el tránsito estaba pesado, buscaron desequilibrar por las bandas. Por la derecha, especialmente, con el punzante Sime Vrsaljko.

Rusia bloqueó espacios y trató de lastimar con la pelota larga. Encontró el gol en un zurdazo espectacular de Denís Chéryshev, pero se durmió a espaldas de Fernándes. Se filtró Mario Mandzukic y Andrej Kramarić cabeceó al empate. Un resultado justo.

En el segundo tiempo, Croacia buscó con mayor intensidad el triunfo. Iván Perisic remató al palo. Creció Modric. Fue incisivo. Pero el equipo ajedrezado no lograba destrabar el resultado. Entonces, llegó el alargue. Y encontró un tiro de esquina. Lo ejecutó Modric con maestría y Vida cabeceó para alumbrar el gol. Parecía el definitivo.

Danijel Subasic, lesionado en la pierna izquierda, sostuvo el arco ante el asedio ruso. Pero el empate de Fernándes derivó en los penales. El arquero tapó el tirito de Fiodor Smolov y el brasileño pateó muy desviado, un remate impropio de su sangre. Igor Akinfeev, héroe ante España, atajó el disparo de Mateo Kovacic. No alcanzó. Ganó Croacia la definición 4 a 3. Rusia tuvo una despedida digna. Croacia alimenta una gran ilusión.-

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