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El cuidado hacia su amigo Charly García hizo que el ambiente del rock lo aceptara. Él opina que las diferencias se fueron diluyendo y responde, a los 76 años, con un disco de clásicos del rock and roll. 

Palito Ortega entra al restaurante de Luján donde citó a Clarín y todo allí parece detenerse. Los comensales que departían casi a los gritos se callan, los mozos que iban de un lado al otro permanecen inmóviles, la liviana conversación entre fotógrafo, camarógrafo, agente de prensa y cronista se corta abruptamente. Llegó el Rey: merece respeto y toda nuestra atención.

Anteojos negros, campera de cuero, pantalón pegado al cuerpo y un jopo bien marcado, el cantautor tucumano Ramón Bautista Ortega Saavedra podría ser una postal perfecta de los años ’50. Pero no, estamos en 2017, en una ciudad histórica de la provincia de Buenos Aires, y con sus 76 febreros muy bien llevados, Palito eligió un volver a vivir. O para no ser tan drásticos, darle un nuevo giro a su vida, regresar a los inicios, haciendo un disco con las canciones más clásicas del rock and roll, como un tributo a Nery Nelson.
 
¿Qué quién es Nery Nelson? El propio Ortega, antes de ser Palito. Un cantante de rock en castellano que la rompía en la Mendoza de 1960, previo a la explosión de El club del clan, y que llegó a grabar unos pocos discos de pasta, que se distribuyeron en la zona de Cuyo. Que consiguió alojamiento en una pensión en la que lo bancaban si no tenía para pagar la pieza y que por las noches cantaba los éxitos del momento en un cabaret, para un público de alternadoras y clientes ansiosos. Y que terminó girando por Chile con banda propia (Nery Nelson y los Lions) antes de venir a Buenos Aires a buscar otra oportunidad que, vaya sorpresa, le consiguió una de las alternadoras del burdel con un parroquiano, gerente de una discográfica de Buenos Aires.
 
Cuántas vidas en una vida, Ortega. De aquel changuito cañero tucumano que llegó a la gran ciudad y sobrevivió vendiendo café (antes de irse a Mendoza como plomo y percusionista de La banda de Carlinhos, a la que abandonó porque no le pagaban y dio origen a Nery Nelson) al flaquito estrella de El club del clan y La felicidad y Despeinada como emblemas de una época. De las películas de los ’70 bancadas con dinero de la Fuerza Aérea -y el desprestigio que eso le trajo- al fracaso financiero como productor de Frank Sinatra. De aliado de Carlos Menem y gobernador tucumano, venciendo al general de la dictadura Antonio Bussi, a ángel salvador de Charly García, a quien le tendió su mano –su tutoría, su casa, su estudio- cuando el rockero estaba a punto de perderlo todo, la vida incluida. Y en el medio, el canto, los viajes, la mujer de toda la vida (Evangelina Salazar) y los cinco hijos famosos.
 
Sentado en el restaurante de Luján donde juega de local -que sólo le sirvan una copa de jerez a él, ignorando al resto de la mesa, o que le pida un salmón “como a mí me gusta” a la moza lo prueba-, Palito habla bajito y muy lento, pero capta toda la atención. Desgrana una anécdota tras otra y explica el por qué de esta nueva mutación.
 
“Se trata de una etapa de mi vida que no quería dejar en el olvido. Nery Nelson era el que andaba por las calles de Mendoza queriendo que lo escuchen. Fue el que pasó los momentos más difíciles, el que se comió las bofetadas de la vida tratando de ser alguien –recuerda Palito-. Sentí verdaderamente el rigor de la búsqueda, de la vida. En muchos casos, eso significaba no tener lo esencial para vivir más que de pensión en pensión. Pero tuve la entereza para no abandonar y volver por una nueva oportunidad a Buenos Aires. Aunque por lo delgado fui rebautizado como Palito, yo quería seguir siendo Nery Nelson”.
 
La historia marca a Ricardo Mejía, el productor de El club del clan, como quien le eligió el nombre artístico, luego de tomarle una prueba en la que le hizo cantar cuatro veces su emblemática Sabor a nada. “Yo no entendía por qué. La canté dos veces en el estudio de grabación, después en el control, después delante de todos los que ya eran famosos –Raúl Lavié, Johnny Tedesco, Violeta Rivas-. Todo porque él quería que la escuchara Jolly Land, otra de las cantantes que después fue su mujer. Parece que estaban en un mal momento, y que lo que yo cantaba en la letra era lo que él le quería decir a ella”, rememora.
 
Ahí, en que otros tomaran como propias las palabras que él escribía, puede entenderse una parte fundamental de su éxito. Lo que hace empatizar a una persona con tal o cual canción es un misterio, pero ese misterio a Ortega se le fue cumpliendo con muchísimas de sus canciones. “Es que los temas que uno compone no son el resultado de años de conservatorio, son el resultado de años de vivencias, de cosas que uno va incorporando de modo muy simple, como vienen. Uno no las elabora demasiado, quedan ahí y surgen desde cualquier disparador: un paisaje, un olor, una canción”, dice como quien cuenta un secreto.
 
Y va por más: “No sé qué número ponerle si tengo que calificar del uno al diez una canción como Suavecito (se confunde con el megahit Despacito). A lo mejor si lo toma una persona que estudió mucha música y es un virtuoso instrumentista, lo analiza y dice que es una canción que no tiene el vuelo suficiente para vender los millones que vendió. Pero también mientras mucha gente discutía la música de uno, yo vendí millones de discos de La felicidad, grabada en incontables idiomas. En la TV alemana, la presentaron y creo que ni dijeron mi nombre, dijeron el autor de La felicidad. Salí a cantar y era un escándalo”. Situación similar le sucedió en el prestigioso teatro Royal Albert Hall de Londres. Una orquesta tocaba una selección de temas de Los Beatles y, en el cierre y con todos bailando, pegaron Obla di Obla da con La felicidad. “Y la gente bailaba como loca. Yo me preguntaba si sabían lo que estaban bailando”, se ríe.
 
Aunque se pone más serio y se niega a revelar el nombre de ese prestigioso músico que lo toreó diciéndole que era capaz de escribir diez canciones como La felicidad. “Si las escribís, yo te prometo que te grabo las diez –dice Palito que le dijo-. Nunca me trajo ninguna”.
 
La charla sigue en “Los pájaros”, el campo que tiene saliendo de Luján hacia Navarro, y en donde está su famoso estudio de grabación, que cobijó a García. “Le puse tres pianos: en el estudio, en la casa y en el quincho. Para que donde fuera, tuviera uno: el piano era el cable a tierra de Charly”. Y recuerda la emoción que le provocaba escucharlo tocando exquisita música clásica, recuperando la sensibilidad en sus dedos y en sus neuronas. “Pero me sorprendía que siempre que arrancaba con el piano se ponía a tocar una canción mía, Media novia. Un día me animé y le pregunté. Me contó que de chico sus padres le prohibían tocar en el piano cualquier cosa que no fuera clásica y que él todos los sábados se escapaba a la casa de un vecino para ver El club del clan. Y el tema le había quedado de ahí. Mirá el poder de una canción popular”.
 
-En un momento, vos y la música comercial que representabas, eran el enemigo del rock. ¿Sentís que con tu ayuda a Charly el rock te legitimó?
 
-Cuando Charly llegó a este estudio y a mi casa, estuvo siete meses. Venían muchos amigos de él a visitarlo, y esa cercanía nos llevó a conocernos. Y en definitiva se van esfumando los prejuicios, lo que puede ser una diferencia. Yo nunca me resentí con nadie, ni nunca me peleé. Creo que las cosas van sucediendo. Y que el tiempo es demasiado sabio y va poniendo las cosas en su lugar.
 
Antes de irnos, nos hace escuchar la canción que Cacho Castaña escribió para él, El último rey, un tangazo que a Palito lo emociona, pero que le suena como un homenaje a alguien que ya no está. Y él está aquí, vivito y rockeando. Y nos cuenta una última anécdota de Spinetta: “Un día, enganché un programa en el que Luis decía ‘qué linda canción es Sabor a nada’. Me llamó la atención que él haya reparado en una canción sin prejuicio de quién era. Le gustó y punto”.
 
Ir sin prejuicios por la vida hace que uno viaje más liviano.
 
 
La familia Ortega, uno por uno, según Palito.
Palito habla de sus cinco hijos y de su mujer, a quien le adjudica el mérito por la familia que formaron. “Sebastián se tatuó su nombre en el pecho a los 15 años, se le fue esfumando y se lo volvió a tatuar enorme. A mí me tiene chiquito, en el tobillo”, se ríe.
 
Julieta (actriz)
 
“A ninguno de mis hijos les pedí un diploma de nada. Sí les dije siempre que elijan lo que elijan tienen que hacerlo bien y que para eso tienen que prepararse. Quiso ser actriz, y se fue a estudiar tres años y medio a lo de Ana Strasberg en los Estados Unidos. Trabajó de meritoria (suerte de che pibe, ad honorem) , en sus comienzos. Y ahora es una buena actriz que tanto puede hacer un drama como una comedia”.
 
Sebastián (productor)
 
“Un gran productor. Un chico que vio mucha televisión y, como estudió Administración de empresas, cuando encara un proyecto se evita muchos dolores de cabeza por su capacidad de previsión. Y siempre piensa desde un sentido artístico. Ha ganado muchos premios internacionales y ya se abrió a mercados internacionales. Pensá que hizo Tumberos, Graduados, El marginal y muchos más”.
 
Rosario (cantante)
 
“Charly la escuchó en este estudio. Hilda Lizarazu estaba retomando su carrera solista y él necesitaba una cantante. La escuchó y dijo ‘este es el color que quiero’. Como Rosario estudió música, le das una partitura y puede cantar a la par de Charly. En el último disco de García, Random, de las 12 canciones, Rosario cantan en nueve. Casi cualquier trabajo que él vaya a hacer, lo piensa con ella. La adora”.
 
Emanuel (músico)
 
“Él está afianzándose como productor musical, le gusta más la cocina que el escenario. No descarta volver a grabar, pero más que como solista, piensa en un grupo o en hacer un dueto con una voz femenina. Pero en este momento está más abocado a la producción. Le gusta agarrar un artista y armar todo el producto. En mi nuevo disco, Emanuel tocó la guitarra acústica en todas las canciones”.
 
Martín (productor)
 
“Un gran director de orquesta, que además hace los arreglos para luego dirigir. Es la voz y los ojos de sus hermanos. Está en la productora con Sebastián, viaja en colectivo y escucha a la gente. A veces pide que le escriban más letra a un personaje, porque vio que entró en el público. Cuando nota un clima que no está favoreciendo el desarrollo de un trabajo determinado, él toma medidas con sus hermanos”.
 
Evangelina (ex actriz)
 
​“Cuando ganó como mejor actriz por Mejor actriz en el Festival de San Sebastián, en 1966, por Del brazo y por la calle, que hizo con Rodolfo Bebán, la llamé para decirle que le iba a llegar un montón de trabajo. Y ellá me respondió que en ese momento se acababa su carrera como actriz, porque quería dedicarse a su familia. Es una mujer que hizo un gran sacrificio y los chicos tienen devoción por ella”.
 
Luis (director de cine)
 
"Es una persona extremadamente sensible, demasiado tal vez. No puede ver una persona tirada en la calle, le dan ganas de protegerla, se los lleva a su casa. Los busca del Borda el sábado y los lleva a comer, no importa cómo esté vestido o si se ríe fuerte porque tiene problemas, exige el mismo respeto para esa persona que para cualquier otra".
 
Cómo es el nuevo disco.
 
Palito Ortega Rock and roll (Tributo a Nery Nelson) sale a la venta el próximo viernes, en formatos cd y vinilo y en todas las plataformas digitales.
 
La imagen de tapa muestra a Palito en un look bien de los años ’50 y con una clara referencia a James Dean, el actor ícono juvenil de la época, que tuvo una muerte trágica en un accidente automovilístico cuando apenas rodaba su tercera película, Gigante.
 
El disco tiene 12 temas, la mayoría de ellos clásicos del rock y con sus letras -muchas adaptadas por el propio Palito- traducidas al español. Están Rock de la cárcel, No seas cruel y Amame tiernamente, canciones que inmortalizara Elvis Presley. También figuran Johnny B. Goode, de Chuck Berry, Confidente de secundaria, de Jerry Lee Lewis, Zapatos de gamuza azul, de Carl Perkins y el célebre La plaga (Good Golly Miss Molly, en el original en inglés), que se hiciera popular por la versión castellana de los Teen Tops.
 
El álbum cuenta con tres invitados. Enrique Guzmán, precisamente el cantante de los Teen Tops, hace un dúo con Ortega en Buen rock esta noche. En Donde suena el rock and roll (una de las dos únicas canciones escritas por Palito, la otra es María) hay un encuentro entre nuestro Rey del pop con el Rey Elvis. Es que John Mc Inerny (el cantante e imitador de Presley en el filme El último Elvis) se hace cargo de una de las voces principales.
 
El otro invitado estelar es Charly García, que canta a dúo con Palito el hit Popotitos. “La cantó muy bien Charly –analiza Ortega-. Muy tranquilo, muy afinado. Es que además la tenía muy incorporada, porque la cantaba con Serú Girán”.

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